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Chile

El pique fue construido por los tres trabajadores de la minera La Familia, en Colonia de Paillaco, a 75 kilómetros de Valdivia (Los Ríos). Se trata de los últimos pirquineros dedicados de manera permanente y artesanal a buscar las “cañuelas” o formaciones que contienen oro, a romper la roca con perforadoras y luego a lavar kilos y kilos de piedras a mano con el afán de encontrar el metal.

23 de Julio de 2012.- En un pequeño pique trabajan desde el alba para sacar mantos de valioso mineral desde una galería de 200 metros que construyeron casi a mano

El túnel es estrecho, oscuro y sus paredes rocosas transpiran goterones. Al avanzar por él, se hace cada vez más pequeño y laberíntico. Es difícil imaginar que desde el interior de esa galería puedan emerger piedras que contienen uno de los minerales más preciados: el oro.

El pique fue construido por los tres trabajadores de la minera La Familia, en Colonia de Paillaco, a 75 kilómetros de Valdivia (Los Ríos). Se trata de los últimos pirquineros dedicados de manera permanente y artesanal a buscar las “cañuelas” o formaciones que contienen oro, a romper la roca con perforadoras y luego a lavar kilos y kilos de piedras a mano con el afán de encontrar el metal.

Luis González es el propietario de la mina. Tiene 78 años, debió jubilar hace tiempo, pero en sus ojos brilla el anhelo de poder hallar algo. “No es que uno quiera ser rico, sino que uno siempre tiene la esperanza de surgir y de que el trabajo dé sus frutos”, dice, por lo que es el primero en llegar a la mina por la mañana y el último en dejarla. Cada día lo acompaña su hijo Darwin y su socio, Juan Obreque. El yacimiento de González está lejos de ser un gran proyecto como los del norte de Chile. Se trata de una faena pequeña que apenas se puede ver desde la ruta que va hacia la localidad de Pureo, desde la Ruta 5. En el sector existen tres áreas donde se realiza la misma actividad, la que agrupa a unos 40 mineros artesanales. “Lo que pasa es que esto sería distinto si tuviéramos capitales, más ayuda. Lo que hacemos todavía es muy precario”, cuenta González, quien pondrá este mes en marcha una máquina de procesamiento para agilizar las faenas, la que fue entregada por el Ministerio de Minería (de una inversión de $ 58 millones).

La tarea de González y sus pares es la única a esa escala en la región. El grupo comenzó a trabajar a mediados de los 90 en forma intermitente, pues no era rentable. Pero González revitalizó hace dos años su empresa: se profundizó el túnel hasta alcanzar 200 metros, desde donde saca el manto con el metal y, de apoco, lo reforzaron con madera para evitar desprendimientos. Fue su socio Obreque, un experto rastreador del mineral, quien encontró nuevas vetas. Y él mismo perfora las paredes para sacar hasta cinco carretillas con piedras en ocho horas. “Antes yo buscaba solo por ahí, pero decidí unirme”, cuenta. Su idea es tener hasta 10 personas en esas labores.

Las faenas son agotadoras: además de la fuerza que deben tener para llevar pesados cargamentos, hay que tener buena vista para captar que las piedras que caen en la “chaya” o plato realmente sean oro.

El ministro de Minería, Hernán de Solminihac, destaca el carácter único de esa labor, por lo que cuenta que los apoyan con maquinaria “para que puedan producir hasta 30% más de lo que extraen hoy”.

Por ahora, los trabajadores sacan en promedio 200 gramos de oro al mes, cuando ha habido buena suerte. González cuenta que el comprador es un extranjero que lo lleva fuera de Chile. “Las joyerías de Valdivia ya no compran como antes”, dice.

LTOL
Portal Minero